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Los argumentos falaces en la investigación jurídica, un comentario

    José María BRINGAS VALDIVIA

    "¡Ay Calígula, a veces no te entiendo!"
    Robert Graves
    Yo, Claudio

    Hay que explicar esta apostilla, Robert Graves relata en Yo, Claudio la siguiente anécdota: Después de ver que Calígula asesinaba niños, incendiaba poblados, tenía relaciones sexuales con su caballo y lo nombró ministro de agricultura, enviaba a morir a los leones a cualquiera que tuviera fama de cristiano y ordenó asesinar a su madre, clavó su mirada en Calígula y entrecerró los ojos, se llevó la mano a la boca y después de suspirar profundo le dijo: “- ¡Ay Calígula, a veces no te entiendo!”

    Hemos escogido este pensamiento porque además de resultar ameno, sirve bien para ilustrar el objeto de nuestro ensayo: nuestra reacción al enfrentarnos a una falacia en un trabajo de investigación jurídica.

    Sabemos que los juristas, abogados, jueces y profesionales del derecho en general trabajan con argumentos, son por decirlo así, la “materia prima” de académicos y de quienes ejercen la actividad jurisdiccional; pero... ¿qué es un argumento?. Un argumento no es otra cosa que un razonamiento con el que se pretende probar o desmentir una afirmación, una tesis, convenciendo a alguien de su verdad o su falsedad.

    Podemos decir entonces que posee una doble función:

    A) Probar, acreditar y demostrar X
    B) Desmentir, refutar y negar X

    Para crear convicción de su verdad o de su falsedad en Y, que es la persona ante quien se desarrolla y expone el argumento, es la persona a quien se busca convencer: El lector u oyente

    Así, de la misma manera en que el actor y el demandado exponen sus razonamientos jurídicos ante el juez u órgano decisor con el objeto de crear convicción en él, un investigador tiene que sustentar y respaldar sus tesis con argumentos (razonamientos) para crear convicción de su validez en el lector. Sin embargo, en la tarea de la investigación resulta fácil encontrar falacias; pero... ¿qué es una falacia?

    Los filósofos y lingüistas le denominan “argumento aparente”, es un error en la construcción formal del argumento, o como científicamente le define Abaggnano1 es “El razonamiento idóneo para hacer creer que es lo que en realidad no es".

    El objeto de este ensayo es exponer y explicar brevemente, cuatro de las falacias que se utilizan con más frecuencia en la investigación jurídica. Hacer un listado más o menos completo de todas las falacias supondría exceder por mucho la pretensión de estas líneas, además de representar una tarea ajena al quehacer estrictamente jurídico:

    1. GENERALIZACIÓN PRECIPITADA:

    Esta falacia se verifica cuando el investigador llega a una conclusión que no está fundamentada en información suficiente, por ejemplo:

    A) "No existe evidencia positiva de que la identidad sexual sea un problema para los hijos de madres lesbianas: En uno de varios estudios realizados por Charlotte J. Patterson, sobre la identidad sexual de los menores, se aplicaron varios cuestionarios y entrevistas a una muestra de niños entre los cinco y los catorce años de edad, todos ellos hijos de madres lesbianas, presentaron un normal desarrollo de su identidad sexual, es decir, manifestaron estar contentos con su género y no tener ningún deseo de ser miembros del sexo opuesto."2

    B) "La empresa ‘Carmelo Electronics’ tiene políticas sexistas, mi amiga María entregó una solicitud de empleo y no le dieron el puesto."

    En ambos enunciados, se requiere de más evidencia para sustentar la veracidad las proposiciones que sustentan, que son:

    " No existe evidencia positiva de que la identidad sexual sea un problema para los hijos de madres lesbianas y
    "La empresa ‘Carmelo Electronics’ tiene políticas sexistas"

    2. FALACIA QUE RECURRE A LA AUTORIDAD:

    También llamada "argumento de autoridad"; esta falacia se verifica cuando el argumentador proclama su tesis como verdadera porque una persona experta en determinada materia (autoridad) la afirma también. Como podrá suponerse, esta falacia además de común, suele ser muy efectiva, por ejemplo:

    A) "La homosexualidad no es un desorden mental; tanto la Asociación Americana de Sicología como la Asociación Americana de Siquiatría la han eliminado de su lista de desórdenes mentales.”3

    B) "A juicio de Patterson, tanto el problema de los estereotipos culturales y sociales como los perjuicios que existen sobre los efectos negativos de la paternidad o maternidad de homosexuales, deben ser eliminados."4

    Es importante señalar que usar el testimonio de un experto no es una falacia, por el contrario, es un buen razonamiento, pero se convierte en falacia cuando se eliminan las opiniones en contra de otras autoridades. En el primer ejemplo, las dos asociaciones que se emplean como autoridad no consideran la homosexualidad un desorden mental, sin embargo, otros especialistas en la materia sí lo harán; de la misma manera en el enunciado B, existirán otros especialistas con opiniones diferentes a las de Patterson.

    3. FALACIA QUE RECURRE A LA IGNORANCIA:

    De la misma manera en que se recurre a la opinión de un especialista para sostener la verdad de una proposición, también se puede recurrir a la ignorancia; esta falacia se produce cuando se dice que X es cierta porque no se ha demostrado que sea falsa, es decir, se sustenta la veracidad de la tesis en la imposibilidad de su negación; obsérvense estos enunciados:

    A) "Existe vida inteligente en el espacio exterior puesto que jamás nadie ha demostrado lo contrario."

    B) "Jamás nadie ha logrado probar fehacientemente, que aumentar la penalidad de los delitos graves no contribuye a disminuir el índice de criminalidad, hasta que alguien lo compruebe, es conveniente aumentarla."

    4. AD HOMINEM:

    Esta la usamos todos los días, Ad hominem es una frase en latín que significa "contra el hombre"; esta falacia se funda en las opiniones o actos de la misma persona a quien se busca convencer, son argumentos aparentes que sirven para poner en tela de juicio el interés de la persona considerada, por ejemplo:

    A) "Puesto que estuviste preso por abuso de confianza, no debo celebrar ningún contrato contigo."

    B) "Papá, está bien fumar marihuana, tú dijiste que la fumaste cuando estudiabas la preparatoria."

    La falacia Ad hominem es la aseveración específica de debe excluirse el argumento de la persona a quien se pretende convencer.

    La investigación jurídica es una tarea minuciosa. La verificabilidad de los datos, la idoneidad de las fuentes y la precisión en el lenguaje son sólo algunos de los elementos indispensables para la obtención de conclusiones correctas y objetivas. Con todo eso, nadie está excento de incurrir en falacias, he ahí precisamente donde encontramos la responsabilidad del investigador.

    Como dijera Robert Graves: “- ¡Ay investigador, a veces no te entiendo!”.



    Notas: 1 Abaggnano, Nicola, Diccionario de Filosofía. Edit. FCE, México, 1998. pág. 81.
    2 Cf. Pérez Contreras, María de Montserrat. Derechos de los homosexuales. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Instituto Politécnico Nacional, Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión y UNAM (coeds). México, 2000. pp. 43 y 44.
    3 Ibídem. pp. 40 y 41.
    4 Ídem.

 
 
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